El universo del Arte

Reflexiones y aproximaciones

El turista que se encuentra en Roma y acude al Coliseo tiene ante sus ojos uno de los monumentos más destacados de la antigüedad. El universitario que estudia la colección de cerámica precolombina toma como base de su trabajo unos objetos artísticos. El hindú que sacrifica un cordero ante la estatua de la Diosa Kali , tal vez sin reparar en ello se haya frente a una obra de arte. El coleccionista que en una sala de subastas puja por un cuadro de Picasso, trata de adquirir una obra del maestro más representativo del siglo XX. La diversidad de objetos que reciben el calificativo de artísticos y las diferentes actitudes que se adoptan ante ello nos llevan a formularnos una pregunta: ¿qué es en realidad el Arte?. Sin embargo la esperanza de obtener una respuesta satisfactoria se disipa cuando nos damos cuenta de la variedad de definiciones posibles, y más aún cuando observamos como se han cristalizado las opiniones sobre el arte y lo artístico a través de la historia de la humanidad.

Cuando contemplamos una obra que se considera artística y emitimos una opinión acerca de ella, manejamos implícitamente una idea de arte que, cuando pretendemos explicarla poca veces coincidirá con la opinión de otras personas o con lo que encontramos en los diferentes tratados de estética, rama del saber humano que estudia todo lo que se refiere al arte y la belleza.

El mundo del arte es un laberinto y solo podemos saber a donde conduce o que se encuentra en su interior si permanecemos en él y tratamos de orientarnos a través de las obras que por convenio social o cultural damos por supuesto que son artísticas.

El arte a diferencia de la ciencia, no puede reducirse a un conocimiento claro y distinto de su objeto, no podemos enfrentarnos a obras artísticas como si fueran objetos de precisión; en este sentido, el arte lanza continuamente un reto a nuestra capacidad reflexiva, en traducir a esquemas conceptuales precisos algo que lo desborda o incluso lo burla o contradice abiertamente. El problema se complica a causa de las características  de una época como la nuestra, impregnada de hábitos derivados de las ciencias exactas y de la tecnología, interesadas en fines eminentemente utilitarios, considerando solo a la obra de arte como mercancía.  Bajo estos fundamentos es evidente que el arte se encuentra en inferioridad de condiciones para competir con la ideología dominante.

Bisonte. Cueva de Altamira- España

Los bisontes de la Cueva de Altamira o las venus prehistóricas encontradas cerca de Lespugue, no tenían el mismo objetivo  que los grandes lienzos destinados a los palacios barrocos o las exquisitas porcelanas rococó; tampoco se proponían el  mismo fin que obras como la serie de retratos de Marilyn Monroe realizadas por Andy Warhol o  los móviles de Calder. No obstante las ideas que tenemos acerca del arte tiñen nuestras interpretaciones de las obras del pasado, haciéndonos olvidar a menudo que en cada época se les asignó un papel muy diferente del que hoy le atribuimos.

Los orígenes del arte han sido investigados mediante construcciones hipotéticas de lo que pudo haber sido la vida de los humanos; en general este ha sido un cometido que ha corrido a cargo de ciencias como la Etnología y la Antropología, pero la Teoría del Arte no puede mantenerse al margen, sobre todo cuando existe el peligro de buscar en ciertas obras del pasado, especialmente en las culturas primitivas, contenidos que nunca tuvieron y privarlas, en cambio de otros que le dieron su razón de ser.

La hipótesis sobre el origen del arte son muy variadas. Mientras unos lo vinculan con el trabajo, otros lo relacionan con la magia, entendiendo que el mito ha sido un gran impulsor del Arte en las culturas primitivas. Para otros, seguidores de Freud, sería la sexualidad un factor determinante, por otro lado el conocido antropólogo Levi-Strauss cree que el origen del Arte se encuentra en la combinación del mito primitivo con la habilidad técnica. En cualquier caso, la magia y el trabajo, bien sea combinados o aislados  suelen aceptarse como estímulos externos para la aparición del Arte.

El arte es un concepto abierto, cabe preguntarnos, por ejemplo ¿bajo que óptica los humanos del paleolítico superior veían las pinturas rupestres, las estatuillas de hueso o marfil, o los instrumentos para la caza?. Nunca obtendremos una respuesta satisfactoria a esta cuestión, pero sabemos en cambio que en el siglo actual los objetos artísticos puede ser tan diferentes e incluso contradictorios como una obra arquitectónica, una pintura abstracta, o ciertos objetos encontrados que aparecen en las obras del artista francés del siglo XX, Marcel Duchamp. Todo ello demuestra la inestabilidad del concepto del arte, cuyas ampliaciones y restricciones parecen constituir una de sus constantes.

El actual término arte procede de la voz latina ars,  y bajo esta forma pasó a las lenguas románicas. Sin embargo el pensamiento antiguo apenas se preocupó por separar el arte propiamente dicho de su actual sentido restringido del oficio o la técnica de cualquier artesano.  Tan artístico era el oficio de un alfarero, un constructor o un carpintero, como el de un pintor, un escultor, un flautista  o un retórico malabarista de las palabras; las obras que producían se consideraba todas  manifestaciones de una destreza o habilidad adquirida.  

Pero todo cambia en la cultura griega al dividir las artes en serviles y liberales, según exigiera o no el trabajo corporal. Por ejemplo la escultura y las pintura eran consideradas serviles, la música, la aritmética o la lógica pasaron a ser clasificadas como  artes liberales. La Edad Media mantiene unos criterios semejantes al distinguir las artes liberales del ejercicio esencialmente mental, (como la poesía y la música), de las mecánicas que serían las artes plásticas. Es entonces en el Renacimiento donde se generaliza la denominación de Bellas Artes, aplicándolas a las manifestaciones relacionadas con la belleza.

Arte como mimesis

La interpretación del arte como imitación, es decir como mimesis es una de las más antiguas. Las representaciones de bisontes, ciervos, caballos nos indican ya una preocupación temprana por vincular el arte a la realidad circundante. Se cree incluso que los impulsos imitativos se encuentran en los orígenes de la actividad artística. La cultura griega formuló una  teoría del arte como mimesis que fue decisiva para la creación artística europea. Platón concibe la mimesis como una participación en el mundo de las ideas y confiere al arte la misión de encarnar en formas perceptibles estas ideas. 

Aristóteles atribuye al ser humano la necesidad innata de imitar, ya no las ideas, sino la realidad, así como las acciones y pasiones humanas. Este pensamiento griego aflora nuevamente en la cultura renacentista, en la cual muchas obras de arte imitan la realidad sensible como medio de acceder a su conocimiento. Sabemos que Leonardo da Vinci, en las miles de páginas de sus cuadernos, recogió sus investigaciones sobre distintas disciplinas como la anatomía, la mecánica o la óptica.

En el siglo XIX aparece la teoría de la copia o imitación de la naturaleza, como instrumento de investigación, teoría que ha sido ampliamente replicada en el arte contemporáneo.  El arte como mimesis ha ido perdiendo vigencia a medida que se ha concedido la primacía  a la imaginación y se ha llegado al convencimiento de que la actividad artística debe dominar la creación sobre la imitación. Sin embargo la mimesis es uno de los principios estéticos que más se resiste a morir. Emerge siempre que se plantea la relación entre el arte y la realidad, apoyándose en criterios cognoscitivos (concepciones  o modos de entender la realidad o modos para conocerlas) y criterios artísticos (instrumentos adecuados para traducirla en obras).

El arte Europeo de todos los tiempos ha producido numerosas obras en las que predominan los valores emotivos sobre los convencionalismos formales. Un ejemplo de ello es la obra La crucifixión  del altar de Isenheim, del pintor alemán del siglo XV, Grünewald donde la deformación de las figuras está destinado a acentuar las emociones de un fenómeno temprano del arte alemán como precedente de lo sería en el siglo XX, el expresionismo germano.

A finales del siglo XIX  y en el primer tercio del siglo XX en diversos países del centro y norte de Europa aparecieron numerosas manifestaciones artísticas que con diversas técnicas se proponían la exaltación de los valores emotivos. Como expresión se entiende el proceso que sigue el artista con el fin de reflejar su estado de ánimo.

Detalle de la Capilla Sixtina. Vaticano. Miguel Angel 1508

Cuando en 1508, Miguel Ángel aceptó el encargo de  pintar la bóveda de la Capilla Sixtina, tuvo que hacer frente a numerosos problemas, tanto artísticos  como técnicos y económicos. La ejecución del inmenso fresco duró varios años y fue tan exasperante para el artista que en varias ocasiones se vio tentado a desistir. Finalmente la obra fue inaugurada el día de Todos los Santos del año 1512 y todos los estudiosos que posteriormente la han analizado, así como millones de personas que la han admirado, se mostraron unánime en considerarla uno de los mayores logros del ser humano.

Arte como lenguaje

La concepción del arte como lenguaje es una síntesis de diversas formas de entender el fenómeno artístico entre las que se destacan la interpretación del arte como expresión y comunicación. Sin embargo el arte no es primariamente comunicativo como lo es por ejemplo un mensaje publicitario, sino que ante todo es significativo. Frente al proceso de comunicación que exige una respuesta concreta al contenido de la información.

La obra artística solicita una interpretación sobre todo a partir de las complejidades reflejadas desde finales del XIX con la crisis de la pintura, la escultura  y la arquitectura tradicionales; el auge de las nuevas artes como la fotografía y el cine, la irrupción de las vanguardias artísticas; además de la aparición de la semiología, ciencia dedicada al estudio de los signos.

Desde luego, el arte se acerca o se aleja según las épocas, a la comunicación, pero su organización formal y significado potencial no suele abarcarse de una sola vez.  La actividad artística hace del material de arte una especie de trabajo de laboratorio. El arte tradicional, a causa de su carácter de representación, suele ser más asimilable  a los sistemas comunicativos, mientras que el arte contemporáneo, sobre todo en la pintura, instaura un campo significativo mucho más amplio y descontrolado. Por lo tanto el arte invierte ciertos usos del lenguaje cotidiano o visual  y concede primacía  a la función estética.

Obra y espectador

¿Y como se relaciona la obra con el espectador u oyente?. El proceso artístico no queda consumado hasta que los espectadores reciben y animan la obra, pero el destino de esta interpretación varía en virtud de cómo se lleva a cabo la recepción y de los cambios derivados de los disímiles criterios interpretativos. La recepción de la obra depende tanto de las condiciones internas del espectador, en su actitud psicológica y también de las condiciones externas, entre las cuales destaca la espacialidad y la temporalidad.

En la cadena artista-obra-espectador, éste debe conectar con el artista a través de la obra que a su vez es el reflejo de la personalidad de su autor. Sin embargo es dudoso que el espectador interprete la obra en términos similares a los deseados por el artista, ya que al convertirse la obra en una mediadora que escapa al control del artista, puede ser sometida a diferentes lecturas, de ahí su carácter polisémico.

Obra cortesía de PixaBay

Las funciones del arte son cambiantes y el catálogo que trata de fijarlas es ilusorio. A cada período histórico se le asignan funciones diferentes, incluso una determinada obra de arte en una situación social modificada, despliega nuevas funciones; pues como hemos mencionado esta no emana solo de las intenciones del artista o de las características de la obra, sino también del público que la recibe.

En las certeras palabras de Salvador Dalí: declaro la independencia de la imaginación y el derecho del artista a su propia locura.

Escrito por: Amarilys Quintero. Artista Intermedial- Comunicadora – Docente – Productora radiofónica. Coordinadora de la plataforma dedicada a la educación, investigación y divulgación artística ARS SONORUS. Estudiosa y apasionada de la Historia del Arte.

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