El Expresionismo alemán

Cuando hablamos de arte moderno, se piensa generalmente en un tipo de arte que ha roto por completo con las tradiciones del pasado y que trata de realizar cosas que jamás hubiera imaginado un artista de otras épocas.  Algunos les gusta la idea de progreso y creen que el arte debe marchar al paso del tiempo. Otros prefieren la frase: «feliz tiempo pasado», por lo tanto creen que el arte moderno no vale nada. Pero la situación es mucho más compleja, ya que el arte moderno al igual que el antiguo, ha surgido como respuesta a ciertos problemas concretos. Los que deploran esta ruptura con la tradición tendrían que retroceder más allá de la Revolución Francesa de 1789, y pocos creerían que esto fuera posible.

A partir de la revolución francesa los artistas comenzaron adquirir consciencia de los estilos, a investigar y emprender movimientos que por lo general produjeron nuevos ismos como grito de batalla. Esto se evidencia en un uno de los últimos y gran estilo que manifestó brillantemente la realidad de lo visible, ese movimiento fue el Expresionismo Alemán.

La crisis del arte Europeo que ya se vislumbraba desde finales del siglo XIX, se mostró con mayor fuerza hacia 1904 y 05. Inició entonces su camino, una generación de artistas de sentimientos revolucionarios, apasionados por una inquietud que ya habían conjurado sus antecesores, como van Gogh y Gauguin. Del entendimiento evidente del mundo exterior, de su descubrimiento como base real, tal como se refleja en la exaltación estética de las pinturas de los impresionistas, surgió una duda repentina ante el problema de la relación real que existe entre el yo y el mundo. De repente se presenta como cuestionable la fe en la realidad de las impresiones visuales y la percepción sensorial como fundamentos de una relación optimista del artista con la naturaleza, sin embargo más importante que la apariencia de las cosas resultaron ser lo sentimientos que estos despertaban, entonces la mirada se dirigió hacia el interior, la misión del artista de finales del siglo XIX, sería el estudio, el descubrimiento y la confirmación de la relación permanente de tensión entre el mundo interior y exterior, su tarea no sería la reproducción de lo visible, sino hacerlo visible.

Pocos acontecimientos históricos tuvieron una capacidad de determinación tan fuerte sobre la trayectoria de las primeras vanguardias artísticas como la guerra de 1914. Acogida inicialmente en Alemania con gran entusiasmo patriótico, la lucha armada se tradujo en una tragedia de alcances catastróficos. En un inicio fue vista como una catarsis que destruiría el orden anterior y propiciaría el surgimiento de una nueva y mejor sociedad, haciendo que muchos artista se enrolaran como voluntarios.

Los artistas expresionistas

Los artistas se asumieron como combatientes y muchos de ellos se representaron en su papel de soldados, una condición que se antojaba provocadora y encajaba con su identificación combativa, esto se tradujo en imágenes donde se ven como víctimas y figuras malogradas. Antes entusiastas y deseosos de encontrar nuevas emociones que plasmar en su obra, los artistas poco a poco cambiaron de parecer. Conforme la guerra en las trincheras se recrudecía más cambiaba la opinión y el sentir de los jóvenes pintores: la pintura de Otto Dix se convirtió en una acusación contra el horror de la guerra y el militarismo, Kirchner, Beckmann y Kokoschka no soportaron, se derrumbaron física y psicológicamente y fueron dados de baja, mientras que Marc y Macke murieron en combate.

El atroz y sanguinario aspecto de la guerra determinaría la posición de los artistas y la actitud cuasi entusiasta y de empatía hacia el conflicto armado, esto se transformaría en una visión de pavor, de negatividad ante la penuria experimentada en el frente, a la degradación humana, una denuncia hacia la crisis de posguerra. Tras el fin de la Primera Gran Guerra, el surgimiento del nazismo significó para los artistas expresionistas otro duro golpe. Su arte –junto con las otras vanguardias – fue considerado degenerado e inmoral, se lo vinculó al comunismo y se lo tachó de feo e inferior, un reflejo de la decadencia que imperaba en el arte moderno.

Otto Dix. Tropas de asalto adelantadas con máscaras de gas, 1924

Los artistas expresionistas se aproximan al objeto de forma libre e intuitiva, rompen con las estructuras establecidas, se rescata al objeto desde la visión del propio sujeto. El instinto creativo como factor inicial genera un sistema de pensamiento, el artista debe tener la capacidad de mostrar lo interior de las cosas a través de su exterior; tiene la libertad de deformar (o formar) su apariencia natural porque lo que le interesa es expresar sentimientos.

Elemento estéticos

Estéticamente el expresionismo alemán se guiará básicamente por una búsqueda de la esencia de las cosas, viendo en la materia una envoltura que cubre e incluso engaña. Por lo mismo había que desconfiar de las apariencias y mostrar valiéndose del exterior, el interior.

Como intuición el arte se identifica con la expresión. La expresión artística es intrínseca a la intuición y se identifica con ella. Mientras que a través de la representación la obra se vincula con la realidad externa (externa tanto a la obra como a la interioridad de su creador), se supone que con la expresión la obra queda vinculada al mundo interior del artista. Al situar el significado y el valor en dicha vinculación, (siempre que se desarrolle coherentemente), se considerará que las cualidades objetivas de la obra remiten a las actitudes o vivencias intimas del autor que provocaron la obra. Y así, la evocación de estas últimas es lo que dará sentido y valor a tales cualidades.

El expresionismo y por ende la expresión retrotrae el sentido de la obra al impulso creador. En este planteamiento, lo importante de la obra es lo que tiene de manifestación de una subjetividad íntima: lo que cuenta no es la posible referencia al mundo exterior, sino las vivencias que en ella se transparentan. Casi habría que añadir que el estilo (eso que hace singular e irrepetible a una obra) es la expresión de la personalidad del artista. Habitualmente, el expresionismo se presenta aliado al emotivismo: las vivencias que reivindica son esencialmente emotivas, están atravesadas por la afectividad. El arte se incluye en el orden del sentimiento, que queda contrapuesto al orden lógico-discursivo de la representación, incluso muchas veces lejos de la imitación o mimesis.

Uno de los cuadros más famosos del expresionismo alemán es el El grito, del artista noruego Edward Munch, esta obra propone expresar cómo una súbita inquietud transforma totalmente nuestras impresiones sensibles, tanto en la litografía creada como en la pintura, todas las líneas parecen converger hacia el centro de la obra: la cabeza que grita, como si todo el panorama participase de la angustia e inquietud de ese grito, el rostro de la figura que está gritando se halla falseado como el de una caricatura, los ojos desorbitados y las mejillas hundidas recuerdan la calavera. Para Munch el grito de angustia no es bello y sería poco sincero no mirar más que el lado agradable de la vida.

En palabras del pintor nos dice:

La forma en que uno ve depende también de un estado emocional de la mente. Esta es la razón por la que un motivo puede ser visto de muchas maneras, y esto es lo que hace que el arte sea tan interesante.

Edvard Munch

Los expresionistas sintieron tan intensamente el sufrimiento humano, la pobreza, la violencia y la pasión que se inclinaron a creer que la insistencia en la armonía y la belleza en arte solo podían nacer de un renuncia a ser honrados. Ellos querían afrontar los hechos desnudos de nuestra existencia y expresar compasión por lo desheredados y los contrahechos. También la artista alemana Kat Kollwitz creó conmovedores grabados y dibujos con el propósito principal de provocar una sensación, ella se identificaba profundamente con las causas que defendía, obreros desempleados y revueltas sociales. La violencia de las guerras de su contexto, así como la pérdida de un hijo durante la Primera Guerra Mundial, marcó significativamente la producción de sus obras, representando visiones universales de la tristeza infinita que genera la guerra para los que quedan vivos.

Ernst Ludwig Kirchner Piper. Female Artist. 1910

La pintura expresionista se desarrolló principalmente en torno a dos grupos artísticos: Die Brücke, traducido como (El Puente), fundado en Dresde en 1905, posiblemente la inspiración del nombre le vino de una frase extraída del libro Así habló Zaratustra de Nietzsche: “La grandeza del hombre es que es un puente y no un fin”. 

La intención del grupo era atraer a todo elemento revolucionario que quisiera unirse; así lo expresaron. Su mayor interés era destruir las viejas convenciones, al igual que se estaba haciendo en Francia. No podían ponerse reglas y la inspiración debía fluir libre y dar expresión inmediata a las presiones emocionales del artista. La carga de crítica social que imprimieron a su obra les valió los ataques de la crítica conservadora que los tachó de ser un peligro para la juventud alemana. Otro grupo importante fue Der Blaue Reiter (El jinete azul) surgió en Múnich en 1911, liderado por El ruso Wasily Kandinsky, Franz Marc, Paul Klee entre muchos más. El nombre del grupo fue escogido por Marc y Kandinsky tomando café en una terraza, tras una conversación donde coincidieron en su gusto por los caballos y por el color azul.

Franz Marc. Grandes caballos azules 1911

La apariencia exterior de los cuadros de estos rebeldes y agitadores expresionistas, no debe verse en un error en cuanto a su capacidad técnica. Todos ellos eran excelente dibujantes en el sentido clásico, como lo demuestran sus croquis seguros y precisos. Que la clara armonía de sus dibujos sufra eventualmente  radicales y monstruosas transformaciones en la versión pictórica sólo confirma su voluntad de operar con formas y no con objetos. Esa aspiración de bienestar sensual se traduce en sus telas en superficies lisas de colores vivos e irreales que forman ritmos y alteraciones cromáticas a la cuales se superponen creando el contrapunto elegantes arabescos de contornos y curvas fuertemente marcadas, dando la impresión que el fondo ha sido pintado primero en grandes superficies accidentadas y en desorden. A punta de pincel cargado de pintura negra o azul ultramar, trazando siluetas de árboles, edificios y personajes llenando luego los vacíos con sombrosa licencia de tonos violentos y arbitrarios.

Les interesaba un tipo de temática centrada en la vida y la naturaleza, reflejada de forma espontánea e instintiva, por lo que sus principales temas son el desnudo –sea en interior o exterior–, así como escenas de circo y music-hall, donde encuentran la máxima intensidad que pueden extraer a la vida.

El expresionismo no sólo dominó en las artes plásticas, la música y la literatura, sino que también estuvo presente en la mayoría de las producciones cinematográficas alemanas de esa época.

El cine de posguerra pareció insistir en acentuar su carácter enigmático, macabro, siniestro, mórbido. Refleja el proceso de repliegue «en la profundidad del alma» que llevó a cabo la población durante este periodo de incertidumbre». Los orígenes de este movimiento cinematográfico, que tuvo su mejor momento en la década de los años 20, se remontan a principios del siglo XX. Algunos directores asimilaron las teorías y propuestas de este fenómeno artístico. Uno de los films precursores fue El gabinete del doctor Caligari, película inspirada en una serie de crímenes que tuvieron lugar en Hamburgo, Alemania. Narraba los estremecedores crímenes que cometía Cesare, bajo las órdenes hipnóticas del doctor Caligari, que recorría las ferias de las ciudades alemanas exhibiendo a su sonámbulo. La idea de los guionistas era la de denunciar la actuación del Estado alemán durante la guerra.

El final de la Primera Guerra Mundial y el reparto de los mercados entre las potencias vencedoras dejaron a Alemania en un estado de incertidumbre política y moral, agravado por el impacto de una fuerte recesión económica. Hay quienes lo recuerdan como el siglo más terrible de la historia, otros lo consideran un siglo de matanzas y de guerras. Y en este panorama el expresionismo aparece inevitablemente como uno de los primeros movimientos de vanguardia que articuló estéticamente este comienzo de crisis en la apertura violenta del nuevo siglo.

La música expresionista, ligada estrechamente a las artes plásticas era para estos artistas, un arte de comunicación entre individuos por medio del alma, sin necesidad de un elemento externo. El artista ha de ser creador de signos, sin la mediación de un lenguaje. Esta música siguiendo el espíritu de las vanguardias, pretendía desligar la composición de los fenómenos objetivos externos, siendo instrumento únicamente de la actividad creadora del compositor y reflejando principalmente su estado anímico, fuera de toda regla y toda convención, tendiendo a la esquematización y a las construcciones lineales, en paralelo a la geometrización de las vanguardias pictóricas del momento. Las creaciones musicales buscaron un nuevo lenguaje liberando la música de la tonalidad, dejando que las notas fluyan libremente, sin intervención del compositor.

En todas las manifestaciones artísticas expresionistas los temas destacados son la guerra, la urbe, el miedo, la locura, el amor, el delirio, la naturaleza, la pérdida de la identidad individual y el conflicto generacional.

Esto se expresa en palabras del pintor simbolista francés Gustave Moreau: No creo, ni en lo que veo, ni en lo que toco. Sólo creo en lo que no veo y lo que siento. ¿Qué importa la naturaleza en sí?. El arte es la persecución encarnizada de la expresión, del sentimiento  interior. Esta frase roza el secreto profundo de la plástica y podría ponerse en boca del cualquier artista actual. Esta frase es moderna porque su verdad y esto, los hace eterno.

Bibliografía:

  1. Guasch A.M. / J. Sureda. La trama de lo Moderno. Arte y Estética. Madrid.
  2. Hodin J. P. Edvard Munch. Ediciones Destino. Mundo del Arte. Londres.
  3. Payó Julio E. Pintura Moderna. Editorial Nova. Argentina.
  4. Vogt. Der Blaue Reiter. Un expresionismo alemán. Colección BB. Editorial Blume. Barcelona

Escrito por: Amarilys Quintero. Artista Intermedial- Comunicadora – Docente – Productora radiofónica. Coordinadora de la plataforma dedicada a la educación, investigación y divulgación artística ARS SONORUS. Estudiosa y apasionada de la Historia del Arte.

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