El significado de las catedrales

Desde la antigüedad, el ser humano ha necesitado espacios sagrados para encontrarse consigo mismo y con sus dioses. Cualquier templo; sea la cúspide de una montaña, una profunda cueva, la inmensidad del desierto o una catedral gótica, tienen la misma finalidad: conectar con la divinidad.

No sabemos en que momento, ni en qué lugar del mundo comienzan a surgir los primeros templos, ni tampoco si se hacían con las mismas intenciones; los recintos construidos pretendían ser una extensión de aquello que se manifestaba en la mente. Tal vez fue el motivo para crear espacios sagrados dotados de intimidad con respecto al resto del entorno. Sin embargo el uso privado del templo quedó en desuso. Muchos antropólogos consideran que con la creación de construcciones en las que honrar a los dioses, la humanidad se socializó aún más. El templo era el centro de reunión y diálogo, un punto de encuentro perfecto para además de compartir la fe y su poder energético, reformar los vínculos familiares y el clan.

La liturgia de templo es una forma de comulgar energéticamente con los dioses que moran en él. Todos con independencia de la creencia que profesemos, podemos encontrar en un templo el sitio perfecto para sintonizar con la energía de la divinidad, son lugares de oración, recogimiento y proyección.

Entre los siglos XII y XIV nace un estilo arquitectónico –fundamentalmente religioso- que va a erigir algunos de los monumentos más bellos y majestuosos del mundo. No se había producido una conjunción de fe, poder económico, determinación política y técnicas arquitectónicas como la que da lugar al gótico Europeo. Sus resultados aun iluminan nuestras miradas de admiración; basta cruzar el pórtico de una catedral para sumergirnos en un océano de símbolos y alegorías. Laberintos, vidrieras, gárgolas, rosetones y columnas tiene además de una función estructural, una espiritual de gran trascendencia.

Podemos situarnos en las coordenadas de la época con el triunfo de la monarquía sobre el feudalismo, ante la emergencia de una nueva clase social de comerciantes y artesanos, fabricantes y asociaciones gremiales. Estos nuevos ricos hicieron de las ciudades poderosos centros de producción y comercio, tratando de lograr más autonomía y mayor influencia política. La iglesia no podía permanecer al margen de los cambios.

La abadías y templos románicos conocieron su ocaso dando paso a una nueva construcción: la catedral, que se elevaba por encima de los tejados de la ciudad, consagrada al nacimiento de una nueva cosmogonía y una nueva relación entre Dios y lo humano.

Cúpula. Catedral de París

Las catedrales dejaron de ser esos lugares cerrados al mundo exterior que tenían las iglesias románicas, para llenarse de luz. Nacen las resplandecientes vidrieras góticas, de intensidad cromática que, como el conjunto del estilo gótico responde al nuevo espíritu alegre, emprendedor y dinámico de la época.

No podemos olvidar a los constructores de los templos, los auténticos maestros iniciáticos y aglutinadores de la fe: ellos edificaban en honor de los dioses, preservaban mágicamente el lugar de los extraños, proveían de un centro de operaciones a los sacerdotes y dotaban a los feligreses de un enclave en el que daban rienda suelta a sus creencias. Los maestros constructores para erigir sus templos, buscaban los lugares en los que la energía terrestre entraba en contacto con la energía cósmica.

La vida de los constructores de catedrales no debió ser fácil, ya fueran maestros de obras o albañiles laboraban agotadoras jornadas de 10 a 12 horas diarias. El trabajo de los canteros era el más exigente y muchos enfermaban de los pulmones debido al polvo. Su labor debía ser perfecta, cuando era detectada alguna imperfección, la obra entera se paraba. El resto de los obreros formaban una procesión y transportaban la piedra defectuosa hasta un lugar donde era enterrada y el cantero estaba obligado a caminar tras el cortejo entonando cantos fúnebres, después el culpable era azotado por sus compañeros del gremio y mientras todos se retiraban a su descanso nocturno, el cantero debía tallar un nuevo bloque pétreo, que al día siguiente era probado de nuevo. Sólo si encajaba a la perfección su falta era perdonada.

Los expertos insisten en que el conocimiento de los constructores de catedrales era únicamente empírico obtenido a fuerza de realizar mil ensayos. En la época no existían datos sobre resistencia de materiales o teorías estructurales. Sin embargo se reconoce que estamos lejos de saber como equilibraron tan delicadamente una composición de fuerzas estáticas que permitieron elevar esas oraciones de piedras hasta las alturas.

Universo de símbolos

Las catedrales góticas son un universo de símbolos. Sintonía, energía y vibración, son los tres elementos que desde un punto de vista esotérico deben prevalecer cuando nos disponemos a penetrar en un templo. Al acercarnos a una catedral debemos mirar con detalle su fachada, sus pórticos, sus arcos y sus bóvedas, aprehendiendo en una primera impresión el mensaje que el templo ofrece al exterior: Un mensaje destinado tanto a agnósticos como creyentes, cuya percepción e interpretación sólo dependerá del interés y sensibilidad de quien contempla la obra.

Fachada en alto relieve. Notre- Dame. París

En las catedrales góticas nuestros ojos se sorprenden al recorrer las fachadas, si nos fijamos un poco, podremos ver gran cantidad de criaturas fabulosas mezcladas con extraños personajes que conviven a la perfección con múltiples esculturas litúrgicas. Gallos, dragones, grifos, leones y águilas son algunos de los protagonistas de las fachadas. Las gárgolas o “grifos” como se les llamaba inicialmente a este seres mitológicos con cabeza de águila, cuerpo de león y cola de serpiente, guardianes del Dios Apolo; desde el punto de vista funcional son elementos decorativos como remate del caño donde se vierte el agua de los tejados. Pero en el dominio espiritual tienes tres claras funciones: advertir, formar, o distinguir. Nos advierte y recuerda con sus formas grotescas que el mal está afuera del templo y que lo funesto no puede penetrar en él., que nada negativo puede cruzar el umbral del recinto sagrado.

Vidriera. Notre- Dame. París

Las vidrieras también nos dan mensajes en color que pueden inducir a quienes la contemplan estados de relajación o meditación. Por ejemplo, el color blanco es el color de la túnica de cristo llevada al episodio de la transfiguración. Evoca la luz original, el paraíso y la elevación. El color oro que contenido en las aureolas de los santos, mártires y ángeles simboliza la perfección, es el tono de lo inalterable de todos los que están próximos al trono de dios.

El azul trasmite la cercanía entre lo divino y lo humano, alude al color del cielo y al misterio. El rojo cuando es anaranjado o dorado remarca el valor espiritual sobre lo mundano, y cuando el rojo es centelleante evoca la sangre, la pasión, el fuego y los bajos instintos o tinieblas que han de ser sacrificados en el proceso de purificación. El verde simboliza la capacidad de germinación que poseen todas las cosas gracias a la intervención divina y en el color ocre. Los creadores de iconos fieles a la tradición suelen pintar los rostros de ocre como símbolo de que todo aquello que ha sido creado del barro primordial debe volver a él, nos trasmite la necesidad de reducir nuestra existencia a lo esencial.

¿Y los espirales y laberintos que encontramos en la entrada de las catedrales?

Ellos son una alegoría de la búsqueda interior, entramos en ellos para iniciar un recorrido en el que a pesar de existir múltiples opciones, únicamente un camino nos puede conducir a la salida, a la perfección, a la culminación de la obra que sólo nos proporciona el conocimiento. Catedrales como Reims, Auxeres, Sant Quentin, Chartres,Notre Dame nos muestran bellos laberintos de mosaicos en el pavimento. El laberinto también simboliza el peregrinaje a Tierra Santa y su centro representa el templo de Jerusalén. Los peregrinos que no podían acudir a Tierra Santa recorrían de rodillas los 200 metros del laberinto de la Catedral de Chartres, de esta forma habían peregrinado de forma simbólica a Palestina.

El psiquiatra suizo Carl Jung escribió:


Los mandalas están todos basados en la cuadratura del círculo. Su motivo básico es la premonición de un centro de la personalidad, una especie de punto central dentro de la psique, con el que todo está relacionado, mediante el cual todo está ordenado y que es en sí mismo una fuente de energía.

Carl Jung

En los rosetones de las catedrales góticas se pueden reconocer objetos de meditación de diferentes culturas. Tanto los avances arquitectónicos como los nuevos pensamientos filosóficos y teológicos que se produjeron durante el gótico permitieron la construcción de vidrieras y rosetones en las catedrales góticas configuradoras de espacios interiores resplandecientes. Pero, el rosetón, además de contribuir a la iluminación del interior de las catedrales, posee una fuerte carga simbólica asociada al mandala de la India, a la flor de oro de los taoístas o a las rosas concebidas por los persas como fuente de contemplación pura.

¿Y el sonido?

Nos encontramos ante una arquitectura de gran belleza visual mediante diseños que se ajustan al sistema proporcional de armonía musical; en estas construcciones sagradas las ondas sonoras se ven repetidamente rechazadas por la superficies, dando origen a entrecruzamientos. La reverberación enriquece y prolonga los sonidos, estas catedrales de piedra con columnas y techumbres elevadas pueden producir largas reverberaciones, por ello las catedrales con su belleza visual, la luz, el incienso y el sonido, pueden concebirse desde una mirada del arte contemporáneo como una auténtica instalación sonora que envuelve todos los sentidos.

Las grandes catedrales góticas fueron construidas en atrevida y magnificente escala y se concluyeron tal como habían sido planeadas, tras muchas alteraciones que sufrieron en el tiempo, continúan proporcionándonos una experiencia inolvidable al penetrar en esos vastos interiores cuyas dimensiones parecen empequeñecer todo lo simplemente humano.

Estos templos proporcionaron a los creyentes un reflejo del otro mundo. Habían oído hablar en himnos y sermones de la Jerusalén celestial, con sus puertas de perlas, sus joyas inapreciables, sus calles de oro puro y vidrio transparentes; entonces esa visón descendió del cielo a la tierra con la majestuosidad de las catedrales. Los fieles que se entregasen a la contemplación de toda esa hermosura sentirá que casi ha llegado a comprender los misterios de un reino más allá del alcance de la materia. Hasta cuando se observan de lejos, estas maravillosas construcciones parecen proclamar las glorias del cielo.

Bibliografía:

  1. Gombrich Ernest. Historia del Arte. Editorial Debate. Madrid
  2. Fulcanelli. El misterio de las catedrales. Editorial Rotativa. Barcelona

Programa radiofónico HJUT 106.9 FM. Universidad Jorge Tadeo Lozano. Bogotá – Colombia. Sábados 9:00 pm. y Domindo 11:00 am. El Arte y las Artes“un encuentro con el espíritu creativo en la historia” https://www.utadeo.edu.co/es/micrositio/emisora-hjut

Escrito por: Amarilys Quintero. Artista Intermedial- Comunicadora – Docente – Productora radiofónica. Coordinadora de la plataforma dedicada a la educación, investigación y divulgación artística ARS SONORUS. Estudiosa y apasionada de la Historia del Arte.

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